No tengo arreglo: mi idea ahora es meter las conferencias de la Fundación Juan March en el iPod shuffle y llevármelas al gimnasio. Así lo convierto en Gymnasium: mens sana in corpore cultureta. Pero antes las he estado escuchando en casa o de paseo, o sentado al solecito las pocas veces que ha salido. Me lo estoy pasando pipa, la verdad. En mis años estudiantiles fui muy fan de las conferencias, pero tenía completamente abandonada esta afición. Me gustaba el ritual del tipo con el micrófono y la botellita de agua, y su divagar más o menos coqueto. Estaba también el poema de José Emilio Pacheco, "Conferencia":
Halagué a mi auditorio. Refresqué
su bastimento de lugares comunes,
de ideas adecuadas a los tiempos que corren.
Pude hacerlo reír una o dos veces
y terminé cuando empezaba el tedio.
En recompensa me aplaudieron.
¿En dónde
voy a ocultarme para expiar mi vergüenza?
Pero tampoco hay que ponerse así: a mí el tópico me agrada. Y además, no es tan tópico: hoy en día, soltar una perorata a palo seco es pura subversión, aunque verse sobre la recolección del alpiste. Y las que he escuchado,
realmente no versaban sobre la recolección del alpiste. Además de la
lectura que ya mencioné de Jordi Doce, me he puesto la conferencia sobre su
poética. Y dos magníficas de Martínez-Lage, traductor de la
Vida de Samuel Johnson (edición Acantilado): una sobre
Johnson, otra sobre
Boswell. Y dos más conducidas por Rodríguez Rivero: una con
Muñoz Molina, otra con
Javier Marías. Y una por Juan Cruz con
Vargas Llosa, así como la
conferencia a solas de éste. Y la de Félix de Azúa sobre el
dandy. Y dos de Savater (por el momento, porque hay
más): una sobre el
teatro, y otra sobre
La infancia recuperada. En esta última le acompaña Javier Muguerza, nombre junto al cual vi por primera vez el de Savater, en 1982. Fue en la crítica que Muguerza hizo en
El País de
La tarea del héroe. Se titulaba "Adversus melancholicos" y la ilustraba una foto de Savater con su barba negrísima de entonces. Yo la recorté por la palabra "melancholicos", tan querida para el adolescente que fui. No sabía que "adversus" significaba "contra", y que el libro reseñado era una celebración, en realidad, de la antimelancolía. Más tarde lo aprendí, y lo celebré yo también. Y disfruté, como pocos libros,
La tarea del héroe. En esta conferencia, que es de 1994, dice Savater una frase muy buena: "El héroe madruga". Está hablando de la languidez (
contra la languidez) y señala que las novelas de aventuras le gustan porque están llenas de vida y en ellas no hay languidez. "En el mundo de Stevenson nadie duerme por la mañana hasta las once, sino que todos madrugan. Y a mí me gusta un mundo en que la gente madruga". Cuenta también cómo empezó a leer su hijo. Lo había escrito aquí, pero no funcionaba y lo he borrado. Mejor escúchenlo: desde el minuto 45:37 hasta el final. De las más de dos mil conferencias de la Fundación, hay una a la que asistí personalmente: la que dio Torrente Ballester el 5 de diciembre de 1986. Escucho su sonido y trato de recordarme
allí. Con ganas de coger el micrófono y decirme tres o cuatro cosas.